9.1.14

Maternidad responsable y libertad de las mujeres




Es bueno recordar a las madres, a las reales y a las simbólicas. Hoy se cumplen 106 del nacimiento de la filósofa existencialista y feminista Simone de Beauvoir. En 1948, en ese libro que ya es un clásico del feminismo, El Segundo sexo, Simone de Beauvoir, reivindicaba la maternidad como posible elección humana, no como imposición social o simple fenómeno biológico. A la sociedad de los años cuarenta del siglo XX, Beauvoir le planteaba que la maternidad tenía que dejar de ser un destino de las mujeres para convertirse en proyecto.  Pero ello, sólo puede tener lugar cuando la maternidad es  elegida de manera totalmente libre y consciente. Señalaba que, paradójicamente, a mujeres a las que se había obligado a ser madres, encerrado en el ámbito doméstico y frustrado en sus deseos de realización personal, se les confiaba niños, es decir seres frágiles, vulnerables y dependientes que quedaban librados a la ambivalencia de sus  sentimientos (vol. II, cap.VI).
Traer a la vida a otro ser humano ha de ser una decisión responsable, deseada y asumida, no un mandato externo. Más tarde, en 1973, Adrienne Rich, con su Nacemos de mujer. La maternidad como experiencia y como institución  distinguía, como indica el subtítulo de la obra, entre la vivencia de la maternidad como poder creativo y su organización patriarcal generadora de sometimiento. Dos clásicos para releer en estos días en que pareciera que hemos retrocedido más de 60 años puesto que se vuelve a discutir el derecho de las mujeres a decidir sobre lo que ocurre en sus propios cuerpos, es decir, en sus propias vidas.

22.9.13

Una investigación literaria sobre la identidad masculina: Henning Mankell

Las novelas de Henning Mankell (Estocolmo, 1948), una de las figuras más destacadas de la literatura policíaca nórdica, entretienen y tienen calidad literaria. Entre mis preferidas se encuentra La leona blanca (1993) y El chino (2008) porque saben instalar el relato de suspense en marcos sociopolíticos que las enriquecen y tornan más interesantes. En la primera de las citadas, el trasfondo elegido es la discriminación racial del apartheid sudafricano; en la segunda, las transformaciones de una China actual que se lanza a la colonización de los recursos naturales de África. 
Ahora acabo de leer Zapatos italianos ( Tusquets, 2013, 2007). Debo confesar que la abordé como lectura de verano, pensando encontrar en ella una novela negra similar a su famosa saga del detective Wallander y a la generalidad de sus obras. Mis expectativas iniciales se vieron defraudadas: no era una novela policíaca. Era algo distinto, más profundo. No pude abandonar su lectura. Había algo magnético en la narración. A través de sus páginas recordaréis, probablemente, a más de un pariente, amigo o conocido, porque Henning Mankell es un autor innegablemente ligado a la corriente literaria del realismo. En este libro, investiga críticamente los contornos de una identidad masculina patriarcal que hoy se encuentra fuertemente cuestionada.
Zapatos italianos nos relata la transformación  personal de un cirujano retirado que en la última etapa de su vida, cuando ya no espera ningún cambio, asiste, asombrado, al resquebrajamiento progresivo de las defensas emocionales que había erigido. Se abre, así, a los sentimientos y a los recuerdos. Ve el pasado bajo una nueva luz y aprende a vivir el presente de otra manera. Su diario personal ya no se limitará a apuntar los datos meteorológicos, día tras día. El apego hacia los Otros se volverá posible de la mano de una exnovia, de su hija, de una antigua paciente, de una gata y de una perrilla adoptada.  Experimentará la culpa, la compasión, la espera, el compromiso...  
Abrirse a los sentimientos es sentirse vibrante, anhelante, pero también sufrir (ya lo había advertido el budismo) al perder la indiferencia y depender más, por lo tanto, de los acontecimientos del mundo exterior. Los títulos de las cuatro partes de la novela (Primer movimiento: Hielo; Segundo Movimiento: Bosque; Tercer Movimiento: Mar; Cuarto Movimiento: Solsticio de invierno) sugieren una estructura de sonata clásica y señalan la correspondencia de los ciclos y espacios naturales reflejados con los tiempos y territorios internos del protagonista.
Con una escritura austera como la rocosa isla solitaria que describe, Mankell nos muestra con precisión entomológica los mecanismos mentales de su personaje, consiguiendo con maestría un retrato de la transformación mental de un hombre que, asediado por los signos de la vejez y la muerte, alcanza, no sin contradicciones y zonas oscuras, una conciencia más lúcida que le permitirá liberarse de límites androcéntricos y comenzar una existencia apasionante cuando todo parecía helado para siempre.

29.6.13

Rayuela, la Maga y el "lector hembra"

Se festeja el cincuentenario de la publicación de Rayuela, la célebre novela de Julio Cortázar. Aunque considero que los relatos breves de este escritor son superiores a su novela, ésta contiene también la excelente prosa poética que lo sitúa entre los grandes nombres de la Literatura. Su objetivo no era meramente estético, sino también ético: buscaba renovar la percepción de las cosas para torcer el rumbo de la historia, una historia que parecía llevar a la humanidad hacia la destrucción. Pretendía mostrar una "desnudez axial" a través del rechazo de las categorías vehiculadas por el lenguaje tradicional. Uno de los medios será su actitud lúdica: juegos de palabras, cambios ortográficos satíricos, alteraciones en la puntuación, neologismos. Cortázar consideraba su labor como un descenso a las fuentes inconscientes de  la escritura. 
El personaje principal de Rayuela, Horacio Oliveira, es un hombre en crisis existencial, un intelectual puramente analítico, que encuentra a su opuesto perfecto, la Maga, pura vivencia, captación existencial sin mediaciones culturales. Corresponde, evidentemente, a la figura de la Femme Enfant del surrealismo, un movimiento que influenció profundamente a Cortázar. La Maga es ignorante, espontánea, incapaz de pensamiento abstracto, posee una "inocencia deliciosa" (Rayuela, capítulo 17), es tierna, original, no regida por las convenciones. Su sola presencia es una crítica a las escalas de valor de la sociedad occidental. Su existencia no es un proyecto a la manera del existencialismo, sino un devenir abandonado al azar.  La Maga es una criatura primitiva que sueña con llegar a poseer el poder de la palabra que muestran los intelectuales del Club de la Serpiente, mientras que éstos envidian su capacidad intuitiva. Sometida a Horacio, material y afectivamente, el final del personaje es incierto (¿se suicida?). Representa el primero de los dos polos de la oposición fundamental en torno a la cual gira toda la obra: intuición versus razón.
En 1963, Rayuela significó una auténtica revolución literaria gracias a dos rasgos principales: su carácter fragmentario y la invitación del autor a que se leyera en un orden de capítulos distinto al habitual. La primera página, bajo el título de "Tablero de dirección" indicaba dos posibilidades: desde el primer capítulo hasta el 56, o desde 73, siguiendo a partir de ahí el orden señalado en cada uno (73-1-2-116, etc), En La fascinación de las palabras (1985) explica Cortázar que estas dos innovaciones tan comentadas por los críticos no formaban parte de un plan prefijado, sino que fueron fruto del azar y resultado de la misma génesis de la novela. El primer capítulo que escribió fue el del tablón (capítulo 41 en la versión definitiva), seguido de una escena erótica que posteriormente fue suprimida por repetir un recurso empleado en otra parte de la novela: el laberinto de hilos. A este núcleo, escrito en 1951 en Buenos Aires, fueron adhiriéndose escenas que eran pequeñas "acuarelas de París". Poco a poco, surgió el personaje de la Maga y se esbozó la acción dramática. Así, papeles escritos en diferentes épocas fueron reunidos un día en la estructura de la novela. La invitación a alterar el orden normal de los capítulos conecta con la noción de Cortázar de "lector activo o cómplice" y el deseo de alterar la captación habitual del tiempo. El "lector activo" realiza la unificación de los fragmentos de vida de los personajes, tal como en la vida cotidiana damos unidad y sentido a los datos dispersos de que disponemos sobre los otros seres humanos (Rayuela, capítulo 109). El concepto opuesto al de "lector activo" es el de "lector hembra" o "niño bueno". El personaje de la Maga representa a este tipo de lector. Lee novelas tradicionales o, en palabras del autor, de "rollo chino". El "lector hembra" se caracteriza por su gusto del orden espacio-temporal convencional, por su incapacidad de dar un salto metafísico en y por el arte. Cortázar tuvo más tarde palabras críticas con respecto a ese apelativo. En una entrevista de 1984 concedida al periódico El País, afirmó: "Yo creo que Rayuela es un libro machista (...) Es el momento de hacer la verdadera autocrítica, porque cuando empecé a recibir una correspondencia muy nutrida con respecto a Rayuela, descubrí que una gran mayoría de lectores eran mujeres, y eran mujeres que habían leído Rayuela con un gran sentido crítico, atacándola o apoyándola o aprobándola pero de ninguna manera en una actitud pasiva, con una actitud de "lector hembra": es decir, que eran lectoras pero no tenían nada de hembras en el sentido peyorativo que el macho tradicional le da a la palabra hembra". Esta honestidad y evolución del pensamiento de Cortázar no se encuentra en muchos escritores. Y le honra. 
Así que, ahora, si os disponéis a (re) leer esta novela, recordad que, a menudo, hasta la obra más revolucionaria puede contener estereotipos y jerarquías de género. No nos queda más remedio que ponernos las gafas violetas para disfrutar de su lectura consciente sin sufrir daños colaterales.
Postdata: podéis descargar libremente un libro que escribí como introducción general a la obra de Cortázar, con las claves de su obra, el análisis de sus cuentos fantásticos, de Rayuela y de Libro de Manuel haciendo clic en este enlace .  


9.6.13

Ser humano y Naturaleza en la era del Antropoceno

El suicidio de Ayax el Grande.  vaso etrusco, 400–350 av. J.-C. British Museum
Foto de  Marie-Lan Nguyen





















Somos habitantes del “Antropoceno”. En el año 2000, Paul Crutzen, premio Nobel de Química por sus trabajos sobre el ozono atmosférico, forjó este nuevo término para denominar a la época que se abrió con la industrialización, un período en que adquirimos una potencia técnica inédita de modificar la Tierra. Cambio climático patente y acelerado, desertización, deforestación, pérdida de la biodiversidad, graves enfermedades producidas por la contaminación ambiental son sólo algunos aspectos de la cara perversa  de esta nueva era.
            La desmesura ha sido considerada en la sabiduría de numerosos pueblos como un grave defecto que puede llegar a ser letal. Así, en la Antigüedad clásica, Sófocles pintó al personaje mitológico que la representa, Áyax, como victimario pero también víctima de su desmesura (hybris). Podemos decir que el Antropoceno es tiempo de una desmesura tan enorme que, frente a ella, los errores de Áyax parecen insignificantes. Ya no se trata, como en la tragedia griega, de un hombre castigado por los dioses a causa de su soberbia y que decide, desesperado, darse la muerte, sino de millones de seres humanos que destruyen el ecosistema que habitan y del que forman parte, llevando a la humanidad al borde del abismo. Hasta ahora, el movimiento ecologista, las personalidades intelectuales y científicas que han  dado la voz de alerta, e incluso el Panel Intergubernamental para el Cambio Climático están relegados a uno de los papeles del coro en la tragedia griega:  anticipar y comentar con lucidez la marcha ineluctable de los personajes hacia su triste destino.
La profunda irracionalidad de nuestra relación con el medio ambiente tiene causas tanto económicas como ideológicas. La globalización neoliberal revela la desmesura de un sistema económico que requiere crecer sin cesar para mantenerse. Toda consideración social o ecológica que implique alguna limitación del lucro es desestimada en nombre de la eficacia y la libertad. Sólo se admite la “mano invisible” del mercado, dejando a las personas y a los ecosistemas indefensos frente a especulaciones financieras y actividades contaminantes e irresponsables de la agroindustria y la megaminería.  Mientras tanto, la publicidad se encarga de crear el tipo de individuos más convenientes para la aceleración del círculo de la producción y el consumo. A menudo se sirve de estereotipos femeninos y masculinos para lograrlo. La búsqueda del lucro a costa de todos y de todo propia de esta dinámica económica es la configuración moderna de los antiguos sesgos culturales del antropocentrismo extremo y del androcentrismo. 
            El primero es esa concepción del mundo según la cual todo existe para los fines del Hombre (anthropos, ser humano). Con escasas y honorables excepciones, la religión y la filosofía han reforzado esta idea que cómodamente justifica el dominio y la explotación sin límites de la Naturaleza.  ¿Cómo llegamos a instalarnos en esta creencia que hoy se revela suicida? Algunos filósofos, como Hobbes o Nietzsche, sostuvieron que la voluntad de poder es constitutiva del ser humano. Pertinente constatación que, sin embargo, ha de ser completada: la capacidad de ayuda mutua es también constitutiva de nuestro ser.
            Androcentrismo (andros, varón) es otro concepto clave para la comprensión de la ideología del dominio. El sesgo androcéntrico de la cultura proviene de la bipolarización histórica extrema de los papeles sociales de mujeres y varones. En la organización patriarcal, la dureza y carencia de empatía del guerrero y del cazador se convirtieron en lo más valorado, mientras que las actitudes de afecto y compasión relacionadas con las tareas cotidianas del cuidado de la vida fueron asignadas exclusivamente a las mujeres y fuertemente devaluadas. En el mundo moderno capitalista, bajo la búsqueda insaciable de dinero y el omnipresente discurso de la competitividad, late el antiguo deseo de poder patriarcal.  De ahí que una mirada crítica a los estereotipos de género sea también necesaria para alcanzar una cultura de la sostenibilidad.  No se trata de caer en esencialismos ni en un discurso del elogio que haga de las mujeres las salvadoras del ecosistema, sino de reconocer como sumamente valiosas las capacidades y actitudes de la empatía y el cuidado atento, enseñarlas desde la infancia también a los varones y aplicarlas más allá de nuestra especie, a los animales _esclavizados y exterminados a una escala sin precedentes_ y a  la Tierra en su conjunto.
Desde muy diferentes ámbitos, numerosos hombres y mujeres luchan hoy por dejar atrás las ideologías del mercadocentrismo, el antropocentrismo y el androcentrismo. Buscan un nuevo modelo de relación con la Naturaleza, más igualitario y sostenible, más empático, inteligente y solidario. Son conscientes de los peligros y las posibilidades del Antropoceno y han decidido redefinir el futuro de la humanidad. Es hora de sumar fuerzas en este gran proyecto de otro mundo posible.  

Artículo publicado en el periódico La Nación de Costa Rica, el 5 de junio de 2013:
http://www.nacion.com/2013-06-05/Opinion/Ser-humano-y-naturaleza-en-la-era-del-Antropoceno.asp

28.12.12

Ciencia con conciencia: Dian Fossey


 Acaba de cumplirse un aniversario más de la muerte de Dian Fossey, asesinada en Ruanda a machetazos por cazadores furtivos en 1985. La causa: haber defendido a los gorilas de montaña frente al infame tráfico  de sus manos para confeccionar... ¡ceniceros de decoración! 
Dian Fossey se convirtió en máxima especialista en primates a pesar de que su formación universitaria era en Terapia ocupacional. Elegida por los famosos paleontólogos Mary y Louis Leakey para un proyecto de investigación en el Congo, fue una de las mujeres que, como Jane Goodall y Biruté Galdikas, han aportado más conocimientos a la etología contemporánea, realizando su estudio con objetividad pero también con profundo amor, hasta el punto de poner en peligro su vida al enfrentarse a cazadores, guardias, autoridades, costumbres crueles e intereses económicos. La Universidad de Cambridge le concedió el doctorado por sus trabajos de campo en 1976. Fossey narró su experiencia en el libro Gorilas en la niebla. Tres años después de la muerte de la autora, una excelente película con el mismo título inspirada en el libro y en su vida era rodada por Michael Apted con Sigourney Weaver encarnando a Dian Fossey (Gorilas en la niebla (1988), título original Gorillas in the Mist: The Story of Dian Fossey) . 
Las tres primatólogas se alejaron del paradigma de Bacon resumido en la idea de "torturar a la Naturaleza para que libre sus secretos". Las tres compartieron una actitud científica que no menosprecia la empatía, sino que, por el contrario,la reconoce como componente ético y  factor de éxito en el proceso de investigación. Por ello, podemos decir que su praxis corresponde al nuevo modelo epistemológico preconizado por  el ecofeminismo. 
¡Que tengas larga vida en nuestra memoria genealógica, valiente Dian Fossey!

20.9.12

William Blake: mística y emancipación de las mujeres




Entre dos sesiones de un congreso y a todo correr, como suele ser habitual en nuestras vidas, el otro día me permití el lujo de hacer un paréntesis estético y dedicar un par de horas a la muestra de  obras de William Blake (1757-1827) que tiene lugar en Madrid en estas semanas. Extraño artista, entre el arte naïf y el simbolismo, este poeta y pintor místico perteneció al círculo de los radicales ingleses, intelectuales fascinados por la Revolución Francesa.  La inspiración religiosa de Blake y las características diferenciales de los radicales ingleses con respecto a sus vecinos del otro lado del canal de la Mancha pueden comprenderse en parte si consideramos que fue un sermón del pastor unitario Richard Price, On the Love of Country, la chispa que inició en 1789 el debate sobre la libertad civil y religiosa instaurada por los revolucionarios franceses en 1789. Para Price, como para Thomas Paine o Mary Wolstonecraft, la Revolución Francesa mostraba la posibilidad de perfeccionamiento del mundo.  
William Blake conoció a Mary Wolstonecraft, la autora de Vindicación de los Derechos de la Mujer (1792),  en el círculo de los radicales ingleses y bajo la influencia de su pensamiento escribió en 1793 el libro de poemas ilustrado Visiones de las hijas de Albión (Visions of the Daughters of Albion). En él, denuncia el estado de sometimiento de las mujeres inglesas de su época, privadas de todos los derechos civiles y políticos y la moral sexual represora que las encadenaba. Lo hace a través de tres personajes, el central, Oothom, que es femenino, y dos masculinos,  Theotormon, el hombre casto (atormentado por la idea de Dios como lo define su propio nombre), e incapaz de aceptar el amor que le profesa Oothom, y Bromion, el irresponsable libidinoso que viola a Oothom. Blake creía que el futuro de la emancipación femenina estaba en América, a pesar de que ésta todavía debía librarse de la lacra de la esclavitud. Pueden verse imágenes de Visions of the Daughters of Albion al comienzo de la exposición.

Además de este breve encuentro entre el pensamiento feminista y el arte de Blake, lo que más me ha gustado de lo expuesto ha sido la belleza del trabajo minucioso de una serie de grabados increíblemente pequeños  y las resonancias prerrafaelitas y simbolistas avant la lettre de La noche de júbilo de Enitharmon.
Vale la pena darse una vuelta por esta exposición que nos presenta una obra que puede calificarse de insólita. Con acierto, se ha incluido algunas pinturas de sus herederos y descubridores: prerrafaelitas y simbolistas rescataron a William Blake del olvido y supieron apreciarlo por su originalidad. ¡Triste destino de incomprensión el que han sufrido y sufrirán muchos espíritus precursores como los de Wolstonecraft y Blake!
Video de 2 minutos de duración sobre la exposición con un click aquí
Entrada gratuita. Exposición abierta hasta el 21 de octubre de 2012.
Para las visitas guiadas, llegar con media hora de anticipacion e inscribirse en recepción.

17.7.12

Cuando "el lector" se transforma en lectora
















Verano, vacaciones en el hemisferio norte. En un momento u otro queremos “desconectar” y “cargar las pilas”, lo cual incluye para mucha gente dedicar más tiempo a la ficción literaria. De ahí que proliferen los artículos sobre lectura y “lector” en periódicos y revistas culturales. La sufrida lectora ha de conformarse con el sustantivo masculino que _ dicen_ representa a todo el mundo. Sin embargo, cabe la duda, sobre todo cuando en uno de esos artículos, de dos páginas completas de periódico, y dirigido a “Usted”, “el lector” o “escritor”, sólo aparece la lectora en una frase cuyo tono suena despectivo. Refiriéndose a los cambios históricos en la manera de leer, el articulista afirma: “Las cosas cambiaron: los soportes para la escritura (arcilla, huesos, papiro, pergamino...); el tipo de lector (desde los sumos sacerdotes a esa señora del metro) y también los escritores... El cambio llevó siglos, pero ahora, en el breve espacio de una vida humana, la de usted, todo vuelve a cambiar.” (*) A partir de ahí, el artículo se dedica a exponer la transformación de los hábitos de lectura inducidos por la revolución digital y sus consecuencias inexorables en la creación literaria: predominio de novelas de consumo que cuentan historias sin calidad literaria, pérdida de autoridad de críticos literarios y editores, importancia del boca a boca virtual en las redes sociales... La conclusión es abierta y deja al “lector” la posibilidad de decidir entre “inquietarse” por este cambio civilizatorio o adoptar el “pragmatismo” y restar importancia a la cuestión.

Pero volvamos al ejemplo de la lectora. No pude evitar, al leerlo, recordar la célebre anécdota que cuenta Platón en el Teeteto sobre Tales de Mileto: una esclava tracia había reído al ver cómo el sabio Tales, ensimismado en sus reflexiones sobre el cosmos, caía en un pozo. Generaciones y generaciones de estudiantes de Filosofía estudiamos esa anécdota como el paradigma de la contraposición entre el pensamiento vulgar y el pensamiento filosófico, entre la vulgar y necia doxa y la sublime episteme. Que esta oposición fuera representada por una figura femenina y otra masculina nos parecía totalmente irrelevante. Ahora, muchas (y algunos) nos hemos vuelto muy suspicaces y nos preguntamos por el subtexto de género de anécdotas y ejemplos que son, aparentemente, fruto del simple azar. Parece que la tecnología cambia pero los viejos estereotipos sexistas gozan de buena salud. Detractores y partidarios de la revolución digital cuestionan todos los rangos pero generalmente no son conscientes de los patriarcales. La próxima vez que lea en el metro sospecharé que el viajero de al lado, aparentemente enfrascado en su periódico deportivo, como suele ser habitual en el señor que lee en el metro, en realidad está reflexionando sobre el mundo, la cultura y sus dramáticas transformaciones actuales.

(*) Antonio Fraguas, “Usted ya no lee ni escribe como antes”, El País, martes 17 de julio de 2012

3.5.12

Era esclava y murió por su libertad














La filosofía ha sostenido que "el Hombre" trasciende la "mera Vida" porque es capaz de luchar por la libertad y morir por ella. Hoy quiero compartir la foto de Tyke, la elefanta que, desesperada por su esclavitud, mató en 1994, en Hawaii, a su entrenador y fue abatida por la policía con 86 disparos. Murió tras una agonía de dos horas.

Una vez, un conocido que trabajaba en un circo me llevó a visitarlo por dentro. Quería que me divirtiera pero sólo logró entristecerme profundamente. Nunca olvidaré la imagen de los elefantes encadenados, moviéndose sin parar en el infame reducto en que se los confinaba de por vida. Más tarde leí que ese movimiento continuo es producto de la ansiedad. ¿Con qué derecho arrebatamos a esos seres su vida para divertir unos minutos la nuestra? Ni la caza ni el circo con animales son actividades éticamente admisibles a esta altura de la Historia. Contribuyamos, en la medida de nuestras posibilidades, a su desaparición.
Observa y recuerda la mirada desesperada de Tyke, la sangre es la verdad de su patética diadema circense.

7.4.12

Mujeres que nos dieron libertad





Un 7 de abril, como hoy, pero de 1889, año de la caída de Nietzsche en la locura, nacía Gabriela Mistral, poeta chilena feminista, pedagoga y diplomática, Premio Nobel de Literatura 1945.

Su imagen está en mi recuerdo profundamente ligada a la de mi madre, gran lectora, que me enseñó aquella poesía suya titulada "Miedo" que decía:








"Yo no quiero que a mi niña
golondrina me la vuelvan,
se hunde volando en el cielo
y no baja hasta mi estera;
en el alero hace el nido
y mis manos no la peinan
Yo no quiero que a mi niña
golondrina me la vuelvan" (...)

Y, sin embargo, mi madre me brindó su energía, su inteligencia y su amor para que un día yo pudiera volar en libertad. ¡Mi profundo agradecimiento a las dos y a tantas otras! Las llevo en el corazón. Recordemos siempre a las queridas aliadas que nos precedieron. Son nuestra historia y nuestra fuerza.

2.1.12

Ecofeminismo para otro mundo posible


De la Introducción de este libro:
"Según el mito griego, el rey Minos de Creta, tras vencer a la ciudad de Atenas en una guerra, le impuso la obligación de entregar periódicamente catorce jóvenes de ambos sexos para alimentar al Minotauro, hijo monstruoso de los amores de su esposa con un toro. Las víctimas encontraban la muerte en un laberinto donde el rey había encerrado a ese extraño y salvaje ser. Después de años de acatamiento ateniense, el joven Teseo decidió arriesgarse para liberar a sus compatriotas de tan horrible tributo. Se ofreció voluntario para integrar el grupo de jóvenes elegidos para el sacrificio. Cuando llegó a Creta, Ariadna, hija del rey, quedó impresionada por su valentía y, sin que nadie lo advirtiera, le entregó un ovillo para que pudiera guiarse con el hilo en el laberinto, matar al Minotauro y retornar victorioso. De esta manera, la criatura híbrida, mitad toro, mitad hombre, fue vencida. Teseo obtuvo el triunfo gracias a la secreta colaboración de Ariadna.
Los mitos antiguos han sido interpretados una y otra vez a la luz de cada época histórica. Quizás sea un buen momento para reinterpretar éste: ¿podemos imaginar una nueva Ariadna que descubre que el monstruo encerrado no es un ser abominable y lo libera con su hilo? La nueva Ariadna ya no se queda esperando que actúe el héroe. No se limita a colaborar discretamente en un segundo plano. Ella también es protagonista del cambio. Entra en el laberinto del mundo junto con Teseo para transformar la cultura en los tiempos del cambio climático.
La nueva Ariadna es hija del feminismo y de la ecología. Descubre en las criaturas no humanas un parentesco que ha sido negado, contra toda evidencia, durante siglos. La Naturaleza no le produce pavor, sino simpatía. Ya no admira al que mata al “Otro”. Quiere liberar al “monstruo”. Está decidida a transformar la cultura y alcanzar la justicia social, ambiental y ecológica.
Feminismo y ecologismo son indispensables para el siglo XXI. Este libro es el resultado de mi reflexión de los últimos años sobre sus puntos de contacto. El desarrollo de un diálogo entre ambos es todavía una asignatura pendiente en los países de cultura latina."
Para seguir leyendo más fragmentos de la introducción de este libro, hacer click aquí

4.9.11

Interesante relato de aventuras con mensaje




Este verano, durante mis vacaciones, he ido a ver la película recientemente estrenada El origen del planeta de los simios. Fue una agradable sorpresa encontrarme ante uno de esos casos en que el cine recupera la capacidad de divertir al gran público al tiempo que invita a la reflexión crítica. La ciencia ficción ha permitido a menudo imaginar mundos futuros o paralelos que mostraban nuestra realidad, o sus posibles derivas, bajo sus aspectos más siniestros. La novela de Ray Bradbury, Farenheit 451, llevada al cine por François Truffaut es un ejemplo ya clásico de esta creación de distopías. Su título aludía a la quema de libros en un futuro autoritario en que se perseguía a todo individuo que pretendiera pensar. Avatar de James Cameron es un ejemplo más reciente que denuncia la destrucción sistemática del mundo natural y de sus habitantes por un voraz proyecto imperialista de explotación de los recursos.
El origen del planeta de los simios se remonta a los acontecimientos ficcionales anteriores a los narrados por la célebre El planeta de los simios. Cuenta cómo se habría producido el declive de nuestra especie debido a irresponsables decisiones en el ámbito de la tecnociencia. Pero, fundamentalmente, es un alegato contra las formas inhumanas con que se trata actualmente a nuestros parientes más próximos: los grandes simios. Es la historia de su rebelión. Por su crítica al antropocentrismo (prejuicio de especie que considera que sólo lo humano _anthropos_ es valioso y digno de respeto) ha sido muy bien recibida por asociaciones y activistas que defienden a los animales y por el co-fundador del Proyecto Gran Simio, el bioético Peter Singer, que se refirió a ella en el artículo de significativo título "Un planeta para todos los simios".
Con voluntad ética, Rupert Wyatt, el director, utilizó sólo actores humanos gracias a la tecnología de captación facial, evitando así la actuación forzada de animales durante la filmación, algo que habría sido contradictorio con el mensaje que se proponía transmitir. La historia pertenece al ámbito de la ficción pero se basa en muchos conocimientos actuales sobre los grandes simios. Y es aquí donde la mirada feminista nos lleva a descubrir un incómodo sesgo de género en esta película tan innovadora en su mensaje de igualdad más allá de la especie. Podemos decir que construye una genealogía masculina interespecies particularmente sorprendente en un campo en el que las primatólogas han sido y son fundamentales. Recordemos a Dian Fossey, asesinada por su defensa de los gorilas, a Biruté Galdikas, dedicada toda su vida a los orangutanes de Borneo, o a Jane Goodall que transformó radicalmente la concepción del hombre como único homo faber a partir de su estudio de los chimpancés y dirige una fundación internacional de enorme importancia en este tema.
En El origen del planeta de los simios no hay misoginia, pero se mantienen los estereotipos. Se detecta androcentrismo (prejuicio de sexo que lleva a otorgar valor superior a los varones _ andros_ y a lo que se considera masculino). Así, las figuras principales del film son masculinas: el joven científico protagonista, héroe solitario que lucha por devolver la salud a su padre, y César, el chimpancé que reclama dignidad y libertad. En un plano muy secundario, perfectamente prescindible para el desarrollo de la historia, encontramos las figuras femeninas de la madre chimpancé y de la veterinaria que colabora discretamente según el modelo de la esposa-compañera de la Reforma protestante. Ellos _hombres y simios, buenos o malvados_ son los únicos verdaderos protagonistas. La lucha por la dignidad aparece como asunto a dilucidar entre machos que luchan o se reconocen finalmente como iguales. No es el único rasgo convencional en esta producción que se apoya en esquemas cinematográficos habituales pero sí uno que nos interesa destacar porque muestra un imaginario trans-específico que se está configurando en los mismos moldes androcéntricos que forjaron la Historia de la humanidad que nos enseñaron.
Os animo, sin embargo, a ir a ver esta película porque es un agradable relato de aventuras que contiene un original mensaje crítico hacia la arrogancia antropocéntrica. Total, ya sabemos que nunca podemos ir al cine sin nuestras reveladoras "gafas de género" que nos permiten descubrir tantas cosas.

Bajo estas lineas, las primatólogas y apasionadas defensoras de los grandes simios:
Jane Goodall, Biruté Galdikas y Dian Fossey



7.8.11

Novela ecológica de Ursula Le Guin


En un suplemento literario de este fin de semana, Rosa Montero nos recuerda la calidad de la obra de Ursula Le Guin, escritora estadounidense de ciencia ficción. Su obra, que ha sido reeditada en los últimos años por la editorial Minotauro de Barcelona, sigue siendo de vanguardia. La más renombrada de sus novelas es La mano izquierda de la oscuridad. A finales de los sesenta, la llevó a la fama y despertó el interés de las feministas por sus personajes andróginos que cambiaban de sexo según ciclos semanales e influencias externas.

Sin embargo, más allá de la merecida fama de esa novela, yo quisiera volver a llamar aquí la atención sobre otro de sus relatos que me parece fascinante y que tanta actualidad cobra con la destrucción programada y suicida de la selva amazónica, indonésica y tantas otras. Me refiero a El nombre del mundo es Bosque. Breve pero maravillosa y poética novela que muestra dos maneras de habitar el mundo representadas por los yumanos depredadores que sólo buscan el poder y el beneficio económico y los pacíficos athstianos que han alcanzado mayor sabiduría y viven en dos tiempos: tiempo-mundo y tiempo-sueño. Los primeros colonizan el planeta athstiano con el fin de exportar madera a la Tierra. Esclavizan a sus habitantes hasta que éstos se rebelan. Han descubierto que su mundo, el bosque umbrío, está condenado a desaparecer por la voracidad sin límites de sus opresores. ¿Alguna coincidencia con la realidad?

El nombre del mundo es bosque ha sido incluida en la edición recopilatoria titulada Los mundos de Ursula K. Le Guin junto con La mano izquierda de la oscuridad y Los desposeídos (Minotauro, Barcelona, 2008).