25.2.16

La chica del tren

 En estas líneas, frente a numerosas críticas adversas, me gustaría romper una lanza por el reconocimiento de la auténtica calidad de una autora británica que con su primer libro ha sabido, a mi juicio, componer una excelente obra del género policíaco.   No pretendo elevar a los altares de la Literatura con mayúscula un thriller que se ha convertido en auténtico best-seller (5 millones de ejemplares vendidos en 30 países), pero sí subrayar algunas de las características que lo hacen muy interesante y atractivo.
Las tres protagonistas son mujeres y la narración en primera persona sigue su pensamiento y sus emociones con una dinámica que muestra el legado de la técnica literaria del fluir de la conciencia. La gran habilidad de Paula Hawkins consiste en contar la historia a través de un gran patchwork de fragmentos introspectivos y hacerlo con un ritmo extremadamente ágil que mantiene el suspense hasta el final. Si queréis desconectar de las preocupaciones cotidianas con una novela negra, os la recomiendo. Preferentemente en inglés, si es posible.
Quienes aman el tren, como yo, encontrarán también en ella fragmentos de una poética londinense muy particular. 



22.12.15

Sufragistas: recuperando la historia de las mujeres



La lucha de las sufragistas para obtener el voto y otros derechos civiles y políticos transformó las democracias modernas. Sin embargo, su inclusión en los libros de Historia sigue siendo, en gran medida, una asignatura pendiente. Más grande aún, si cabe, es su invisibilización en las narrativas cinematográficas.
Fui a ver Sufragistas (Suffragettes, Gran Bretaña, 2015) con el temor de encontrar un producto comercial estereotipado y salí, obviando algún pequeño detalle, con la convicción de haber disfrutado de una película de calidad, bien documentada, una obra con esa factura británica que tanto se agradece en unas pantallas invadidas por un cine de masas destinado a acabar con cualquier pensamiento crítico. ¡No dejéis de ir a verla!
La  directora, Sarah Gavron, y la guionista, Abi Morgan, han elegido narrar un fragmento crucial de la gesta del movimiento sufragista desde la vivencia de una joven trabajadora de una lavandería. 
Tal elección supone una apuesta por mostrar a este movimiento desde una clase social que era minoritaria entre sus miembros.  Este ángulo de visión original tiene dos virtudes. Por un lado, ofrece una vivencia íntima de las duras condiciones de vida de las trabajadoras en su doble experiencia de explotación laboral capitalista y dominación patriarcal que incluía la total indefensión frente al acoso sexual en el trabajo. Por otro, constituye una respuesta a cierta devaluada imagen del sufragismo forjada por el  socialismo marxista que aconsejó a las obreras no participar en la lucha sufragista, calificada de “burguesa”, asegurándoles que ellas no tenían ningún interés en común con las mujeres de clase media, que los problemas de “la condición femenina” se solucionarían por sí solos tras la revolución proletaria y que debían postergar la reivindicación de sus derechos porque había otra lucha más importante. Un momento particularmente interesante del film recoge algo de estas objeciones en el diálogo entre la protagonista y el inspector de policía, personaje con matices al estilo del mejor cine europeo. 
Aunque cree en la justicia de los objetivos de las sufragistas, c
umpliendo su labor de representante de la ley vigente, el inspector trata de que la joven abandone la causa, presentándose  él también como proveniente de la clase trabajadora y afirmando, que para las dirigentesella no es más que un peón del tablero. Os dejo descubrir por vosotrxas mismxs, en el cine, el final de esta sugerente escena.
La película evoca la sororidad entre las mujeres pero también la incomprensión y el rechazo que sufren, por parte de familiares, compañeras y compañeros de trabajo, vecinos y medios de comunicación,  por haber accedido a un nuevo nivel de conciencia, una experiencia que conocen bien quienes abrazan las buenas causas que aún no son reconocidas como tales.
El estreno de Sufragistas es algo que debemos celebrar. Como señalaba la crítica de cine Pilar Aguilar en las redes sociales, incluso en el caso de que le encontremos algún aspecto mejorable, es necesario ir a verla y llevar a mucha gente para que la industria cinematográfica tome nota de que estos relatos nos interesan, que ya es hora de dejar atrás una ficción que sólo muestra historias protagonizadas por varones.
Sufragistas se cierra con unos breves minutos de filmaciones de la época. Confieso que me emocionó muchísimo ver a cientos de  mujeres desfilando, unidas por esa sororidad feminista  que es esperanza de otro mundo posible. ¡Descubramos su historia y prosigamos su lucha!

3.5.15

La imagen femenina del Art Nouveau al Art Déco







Esta semana he tenido la ocasión de visitar la exposición El gusto moderno Art Déco en París 1910-1935 que ofrece la Fundación Juan March en Madrid. Vale la pena acercarse y disfrutar de esa corriente de arte total que produjo pinturas, esculturas, obras arquitectónicas, diseño de artículos de uso cotidiano, ropa y un largo etcétera que todavía pervive en nuestro entorno.
 El paso del Art Nouveau al llamado Art Déco puede describirse como el progresivo abandono de las líneas curvas y la inspiración orgánica de los motivos (flores, hojas...) del primero (véase como ejemplo la obra de Mucha). 
  En su lugar, se preferirán las líneas rectas y las figuras geométricas.
 No en vano el Art Déco estará vinculado al cubismo. Como señala Herbert Read en su Filosofía del arte moderno, refiriéndose en general a la historia del arte: “El pasaje de uno a otro estilo, del realismo a la abstracción o de la abstracción al realismo, no va acompañado por ninguna revolución psicológica profunda. Se trata simplemente de un cambio de dirección, de destinatario. Lo constante es el deseo de crear una realidad, la voluntad de forma. En un extremo, esa voluntad se expresa en la creación de nuevas formas, de lo que podría llamarse forma libre, mientras no supongamos que libertad significa falta de disciplina estética; en el extremo opuesto, la voluntad de forma se expresa en una afirmación selectiva de algún aspecto del mundo orgánico". 
Tanto el Art Nouveau (también llamado, según los países,  Liberty, Floreale, modernismo, modernisme, etc.) como el Art Déco fueron creaciones estéticas adaptadas al mercado y a la fabricación industrial y ambos están marcados por las relaciones de poder de clase, sexo y raza. La inspiración del  Art Déco en el arte africano no fue ajena a la realidad imperial de las potencias europeas, como lo prueba la Exposición Colonial de 1931 en París, punto culminante de esta corriente artística, una exposición en la que el público acudió a ver no sólo las reproducciones arquitectónicas exóticas y los productos artesanales, sino también  un “zoo humano” (village nègre). Como parte del espectáculo se mostraba a africanos reales trabajando en la producción de los objetos que eran importados por Francia. Concebida en el espíritu paternalista colonial, esta presentación funcionaba como una prueba de los beneficios del colonialismo para los pueblos sojuzgados: el Otro era puesto en el camino de la civilización por los colonos. Los artistas, en cambio, podían centrarse, sin mayor inconveniente, en la fascinación por la potencia natural de ese Otro mistificado.
En cuanto a la imagen femenina, puede apuntarse a favor del Art Déco que liberó a las mujeres del corsé, lo cual no es poco. Paul Poiret, Jean Patou, Coco Chanel diseñaron modelos de líneas rectas y sencillas adaptados a un nuevo tipo de mujer que había conquistado el voto y estaba dispuesta a participar de la vida cultural y deportiva.

Esta mujer es representada por el arte con líneas depuradas que corresponden a un nuevo modelo de belleza alta y delgada, a menudo con el característico corte de pelo à la garçonne. Las llamativas curvas de las mujeres del Art Nouveau quedan atrás, ahora los cuerpos son deportivos y las ropas de corte recto. Los motivos orgánicos del Art Nouveau habían sido una respuesta reactiva a las reivindicaciones de libertad e igualdad sufragistas: una forma de decir en clave estética que las mujeres eran más naturales que los varones y que, por lo tanto, no correspondía integrarlas en pie de igualdad sino venerarlas y elogiarlas. El Art Déco llega después, cuando los antiguos roles son contestados y es necesaria una figura de recambio. Expresa, por lo tanto, no sólo un nuevo gusto estético sino también la existencia de una nueva destinataria y de una etapa distinta en las normas de género de las sociedades occidentales modernas. 


Datos útiles: La exposición El gusto moderno Art Déco en París 1910-1935 puede visitarse en la Fundación Juan March (c/ Castelló, 77. Metro: Núñez de Balboa L5-L9). Horario: Lunes a sábado de 11:00 a 20:00. Domingos y festivos de 10:00 a 14:00
Entrada gratuita. Visitas guiadas gratuitas. Martes y jueves: 11:00; 12:00 y 13:00 h.
Miércoles y viernes: 17:00; 18:00 y 19:00 h. Los grupos se forman por orden de llegada.
Las visitas para centros educativos deben reservarse en el teléfono 91 435 42 40










18.3.15

La violencia como reclamo publicitario
















Ahora que las estrellas de Hollywood han decidido boicotear a Dolce & Gabbana por rechazar la adopción de las parejas gays, me gustaría recordar un suceso que hace ocho años ya daba razones para no elegir esta marca. Una imagen publicitaria que lanzaron en 2007 sugería una violación colectiva  y generó una gran polémica. Algunos cibernautas la defendieron en nombre de la libertad de expresión. Con toda probabilidad, no habrían sido tan permisivos si se hubiera tratado de un reclamo con componentes racistas. A muchas personas todavía les cuesta detectar el sexismo.
La violación colectiva ha sido, desde tiempos remotos, una forma de castigo para mujeres que se separaban de las estrictas normas de conducta establecidas para el “segundo sexo”. Expresaba, también, el poder de las fratrías o pandillas masculinas. Así lo muestran numerosos estudios históricos y antropológicos. Lamentablemente, no es sólo algo del pasado y su banalización publicitaria no puede ser pasada por alto.
Un mejor conocimiento de los mecanismos de la opresión colectiva que afecta a los miembros de un determinado grupo permite agudizar la interpretación de los mensajes y proporciona sólidos argumentos  frente a un relativismo acrítico que en nombre de la libertad, refuerza las cadenas. No olvidemos que, como señaló con gran acierto Susan Brownmiller en Against our Will, la violación funciona como una forma de control social, ya que el miedo, desde pequeñas, nos enseña que nuestro desplazamiento por el espacio público tiene restricciones:  a ciertas horas, es necesario evitar ciertos lugares si no queremos tener disgustos. En sus análisis de los distintos tipos de opresión, Iris M. Young, advierte que la violencia, como una de las caras de la opresión, no sólo está presente como agresión física directa, sino que los miembros del grupo oprimido la experimentan en el temor incrustado en sus cuerpos. Saben que están en el punto de mira de esa violencia que puede desatarse en el momento más inesperado porque está siempre latente. ¿Tienen además que soportar que se impulse como reclamo comercial?
Los célebres modistos terminaron por retirar aquel anuncio frente a las críticas del Instituto de la Mujer y de los Verdes, no sin antes comentar desdeñosamente que España se había "quedado un poco atrás", cuando en realidad se trataba del fenómeno contrario, es decir, de una sociedad que había tomado conciencia de la violencia contra las mujeres como un problema social. 
Parece que  Domenico Dolce y Stefano Gabbana se han reconciliado ahora con el mundo ibérico. Su fascinación por la violencia patriarcal les ha llevado a elegir el mundo de la tauromaquia para su campaña primavera-verano 2015. ¡Esto sí que les parece moderno!

2.3.15

Género y Ecología en diálogo interdisciplinar






 

El viernes pasado tuve el gusto de presentar, junto con tres de sus co-autores, Ecología y Género en diálogo interdisciplinar, una obra que he coordinado y que acaba de ser publicada por Plaza y Valdés Editores. La presentamos en la Meta Librería de Madrid, una librería dedicada a la filosofía y el ensayo. Intervinieron Concha Roldán, co-directora de la colección Moral, Ciencia y Sociedad de Plaza y Valdés Editores y directora del Instituto de Filosofía del CSIC, Margarita Pintos, presidenta de ADIM y Teo Sanz, catedrático de la Universidad de Burgos y vicepresidente de la Association International de la Critique Littéraire. Este libro, como su título indica pone en relación dos temáticas que no suelen ir unidas. ¿Por qué unirlas? Varias son las  razones. La igualdad efectiva entre hombres y mujeres, así como la construcción de una cultura de la sostenibilidad y de un modelo de desarrollo realmente sostenible ocupan un lugar central entre los retos pendientes del siglo XXI. Así lo reconocía su inclusión entre los Objetivos del Milenio. Por otro lado, como ya en 1995 señalaba la Declaración final de la Conferencia de la Mujer de Pekín, la degradación del medio ambiente y los desastres “naturales” asociados a ella repercuten negativamente en toda la población pero especialmente en las niñas y mujeres de todas las edades de las zonas rurales en los países empobrecidos  ya que aumentan la cantidad de trabajo no remunerado necesario para la supervivencia de la comunidad. La crisis ecológica dificulta y multiplica las tareas que  recaen sobre las mujeres, dada la tradicional división sexual del trabajo.

 Otra de las razones de la vinculación de ambas temáticas es la particular vulnerabilidad del cuerpo de las mujeres a los tóxicos ambientales, sustancias que, según numerosas investigaciones médicas,  actúan como disruptores endocrinos responsables del incremento de graves enfermedades ginecológicas . Sin embargo, la relación en esta obra no se limita a estos problemas específicos. La idea rectora que lo preside es que los instrumentos conceptuales desarrollados en la Ética ecológica y en los Estudios Feministas, de las Mujeres y de Género pueden potenciarse mutuamente.  Así,  hemos buscado combinar la fuerza analítica de las nociones de ambos campos para realizar un análisis crítico de la desigualdad de género y de las formas destructivas de relación con la naturaleza que están vinculadas a ella. Durante siglos, la mayor parte de las culturas conocidas han identificado a las mujeres con la Naturaleza y han establecido un orden jerarquizado por sexos en el que el colectivo femenino quedaba, salvo raras excepciones, excluido de las instancias de decisión políticas, económicas y religiosas, así como de los ámbitos de la filosofía, la ciencia y el arte. Esta marginación, además de ser injusta con la mitad de los seres humanos, estableció una rígida polarización por la que ciertos papeles, trabajos, aptitudes y actitudes emocionales fueron considerados masculinos y superiores mientras que los concebidos como femeninos eran vistos como subsidiarios e inferiores. Esta clasificación jerarquizada, en ocasiones explícita, y, en todo caso, siempre presente,  se convirtió en hegemónica a pesar de que, sin las devaluadas labores y atenciones afectivas adscritas a lo femenino, las tareas consagradas como masculinas, y hasta la vida humana misma, habrían sido imposibles.

Independientemente de los intensos debates aún no clausurados que generaron las tesis de las éticas del cuidado y a pesar de sus graves problemas y deficiencias, es posible afirmar que abrieron un amplio campo de comprensión con respecto a ciertas prácticas tradicionalmente femeninas que, en el marco contemporáneo, pueden ser vinculadas a la preocupación medioambiental y universalizadas como potencialidades propias de todo ser  humano. 

Este libro no expresa un único punto de vista que sería representativo de la totalidad de sus participantes, sino que, por el contrario, presenta una diversidad de planteamientos Se divide en tres grandes partes: Cuerpos, Territorios y Resistencias. Las dos primeras aluden a los espacios en los que Naturaleza y Cultura mantienen complejas relaciones que, desgraciadamente, tienden a ser de dominio, explotación y devastación por la conjunción de antiguos paradigmas dualistas de fuerte signo patriarcal y nuevos modelos de la globalización neoliberal que se han construido sobre ellos.  La tercera reúne estudios sobre algunas de las formas de la resistencia frente a la destrucción de la Naturaleza que es un proceso que amenaza las bases de la vida en la Tierra.

 Espero que las distintas investigaciones reunidas  en él inspiren y ayuden a desarrollar más estudios integradores de las perspectivas feminista y ecológica y sugieran prácticas y políticas que no instrumentalicen ni marginen a las mujeres debido a intereses particulares o en nombre de la ecología y del bien común, sino que las reconozcan como nuevos sujetos emergentes que reclaman el cumplimiento efectivo de las llamadas tres generaciones de derechos humanos y que aportan formas de pensamiento y praxis innovadoras y valiosas para una cultura de la sostenibilidad y la igualdad. 
Más información sobre este libro, hacer clic aquí 
Datos sobre distribución, aquí

¿Nos vemos  en las próximas presentaciones?
    Valladolid:  Facultad de Derecho y Librería a pie de página: viernes 6 de marzo (se presenta junto con la novela de temática ecológica Beatriz y la loba, de Concha López Llamas)
   Madrid: Librería de Mujeres: viernes 13 de marzo



29.7.14

Pactos de ayuda mutua



¿Los movimientos sociales emancipatorios han de descalificarse mutuamente?¿Las personas que han abierto su conciencia a alguno de los proyectos que construirán un mundo mejor, más pleno, con menos sufrimiento e injusticia, tienen por necesidad que minusvalorar y atacar el más mínimo éxito conseguido con gran esfuerzo por otro movimiento que no sea el suyo?
Me ha llamado la atención que la noticia sobre cierto paso de un país de la UE hacia  la protección de los animales no humanos _los seres con capacidad de sufrir más explotados, torturados y exterminados del planeta_  haya suscitado comentarios adversos en algunas personas que simpatizan con otras causas.   Una feminista se preguntaba por las medidas tomadas en favor de las mujeres y un partidario del reconocimiento de la diversidad sexual alegaba que no era momento para gastar dinero en seres que no son personas. No puedo en estas breves líneas entrar en un análisis filosófico de esta última objeción, baste con recordar el comentario de Jeremy Bentham sobre la teoría del animal-máquina de Descartes: “Lo importante no es que puedan hablar, sino que puedan sufrir”. Me interesa aquí, en cambio, centrarme en la incomprensión y rivalidad entre metas en sí mismas positivas.
Las políticas favorables a mujeres y animales suelen ser las más afectadas por comparaciones improcedentes. Cuando se consigue una ley que fija un sueldo mínimo decente ¿acaso se la descalifica porque no aborda el control de los vertidos contaminantes?  Cuando se obtiene el reconocimiento de las reivindicaciones de una minoría sexual ¿acaso se muestra indiferencia y recelo porque no trata la cuestión del paro?  Siempre tendemos al escepticismo y al rechazo cuando no nos ponemos en el lugar del Otro, cuando su situación no se encuentra en la órbita de nuestros intereses y preocupaciones. Ponerse en el lugar del Otro, abrirse a su sufrimiento y a su demanda es el núcleo mismo de la ética. Cuando las sufragistas fundaron ligas contra la vivisección  y se comprometieron con la lucha contra la crueldad hacia los animales dieron ese paso en el que el feminismo se abrió a la más incomprendida de las causas, al Otro más ajeno para la mayoría de los miembros de nuestra especie.
He forjado el concepto de Pactos de Ayuda Mutua tomando la idea de ayuda mutua del científico y filósofo del siglo XIX Pietr Kropotkin.  Sus observaciones le llevaron a descubrir que no sólo hay competencia en la Naturaleza, sino también apoyo mutuo. Llevó estos conocimientos a la filosofía social, concluyendo que la sociedad humana tenía que ser  de ayuda mutua. Creo que cabe comenzar, al menos, por los movimientos sociales emancipatorios.
En este mundo injusto e irracional que vivimos, hay innumerables víctimas de los prejuicios e intereses de género, clase, raza, orientación sexual y especie.  Según nuestro contexto e historia familiar, personal y  social, podemos ser más sensibles a una u otra de estas formas de explotación y dominación. Pero hemos de intentar que nuestra razón nos permita comprender el compromiso solidario de los demás y alegrarnos de sus avances. La mejora en la percepción de lo justo en un aspecto ayudará a descubrir otras dimensiones de lo que queda por transformar. He intentado caminar por esta vía en Ecofeminismo para otro mundo posible. Sumar y no restar. Esa es la clave.